Cada 8 de marzo vuelve la pregunta: ¿Cómo hablar del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras sin reducirlo a un gesto simbólico?
Por Georgina Sticco, directora y Co-fundadora de Grow- género y trabajo
En Grow- género y trabajo creemos que el 8M no es una fecha para “cumplir”, sino una oportunidad para detenernos, mirar con atención y volver a conversar. Porque las desigualdades laborales no se sostienen solo por falta de datos, sino también por silencios y conversaciones postergadas.
El 8M no celebra la feminidad, sino que conmemora los derechos que todas y todos vivimos en el 2026: jornadas laborales de 8h, licencias por enfermedad, maternidad y paternidad, que las infancias no trabajen, entornos laborales libres de violencia y discriminación.
Sin embargo, queda aún mucho por hacer: solo el 53% de las mujeres trabajan o buscan trabajo, vs. el 75% de los hombres (OIT, 2025). Y de las mujeres que sí entran al mercado de trabajo, algunas lo hacen en condiciones más precarias, y sobre otras pesan sesgos que no les permiten avanzar en sus carreras.
En ese contexto, es que promovemos nuevas conversaciones, para ir un paso más adelante y desafiar la idea de que los espacios de trabajo son neutrales. Aunque muchas veces se presentan como un espacio de mérito y esfuerzo individual, las condiciones de acceso y permanencia siguen siendo desiguales.
Poner estas realidades sobre la mesa busca algo simple y profundo: habilitar conversaciones honestas sobre cómo están organizadas hoy las reglas de juego.
Tomemos por ejemplo el caso de las tareas de cuidado: si las responsabilidades que tengo por fuera del trabajo (como cuidar a mis infancias, o a una persona adulta mayor) toma gran parte de mi tiempo y de mi espacio mental, la conciliación entre trabajo-vida personal que se le pide a una persona, es casi imposible de lograr.
Entonces, una de las reglas del juego a cambiar es cómo vemos el cuidado: si como una responsabilidad individual o como una tarea colectiva. Porque esta carga invisible, asumida por la mayoría de las mujeres, fragmenta el tiempo, drena la energía y condiciona las oportunidades de desarrollo profesional.
Cuando hablamos de bienestar, hablamos de reconocer que las organizaciones también organizan los cuidados, a través de sus horarios, expectativas de disponibilidad y políticas internas.
Otro tema: las mujeres siguen estando subrepresentadas en los espacios de liderazgo. No por falta de capacidad (¡las mujeres tenemos mayores niveles de formación que los hombres!) sino por la persistencia de sesgos que influyen en cómo se nos evalúa.
Revisar estas prácticas no es un ejercicio teórico: es una invitación a mirar con qué vara estamos midiendo y qué efectos tiene eso en la trayectoria de las personas.
Este 8M elegimos tender puentes entre datos y vivencias, entre incomodidad y aprendizaje, entre lo que siempre se hizo y lo que puede hacerse distinto.
Porque la transformación no ocurre de un día para el otro, ni con acciones aisladas. Ocurre cuando sostenemos conversaciones que nos permiten revisar cómo trabajamos, cómo lideramos y cómo nos cuidamos.
💜 El 8M no termina en marzo.
Las conversaciones que iniciamos hoy son las que pueden transformar el trabajo mañana.
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