. OHLALÁ
Tras años de denuncias y un largo proceso judicial, Julieta Prandi logró la condena de su exmarido. Su caso visibiliza las trabas del sistema y recuerda que vivir libres de violencia no es un privilegio, sino un derecho.
En estos días, el caso de Julieta Prandi volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda y urgente: ¿cuántas mujeres más tienen que atravesar años de violencia para que se les crea desde el primer momento?
Este caso expuso ante gran parte de la sociedad lo que muchas mujeres en situación de violencia viven cotidianamente: el aislamiento de sus vínculos, las violencias y la violación dentro del matrimonio, las trabas y demoras que impone la Justicia y un sistema que muchas veces revictimiza en lugar de proteger. Su caso puso nombre, cara y voz a realidades que, sin cámaras ni titulares, quedan invisibles, en un contexto donde todavía se pone en duda las denuncias.
En estos días, el caso de Julieta Prandi volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda y urgente: ¿cuántas mujeres más tienen que atravesar años de violencia para que se les crea desde el primer momento?
Este caso expuso ante gran parte de la sociedad lo que muchas mujeres en situación de violencia viven cotidianamente: el aislamiento de sus vínculos, las violencias y la violación dentro del matrimonio, las trabas y demoras que impone la Justicia y un sistema que muchas veces revictimiza en lugar de proteger. Su caso puso nombre, cara y voz a realidades que, sin cámaras ni titulares, quedan invisibles, en un contexto donde todavía se pone en duda las denuncias.
Vivir una vida libre de violencia no debería ser una excepción, sino una garantía
A vos, que estás leyendo: ¿desde hace cuántos años creés que las mujeres tenemos ese derecho? ¿Y por qué pensás que necesitamos que esté explícitamente reconocido?
Muchas veces se escucha decir que “todas y todos somos iguales ante la ley” y que, por lo tanto, no es necesario otorgar más derechos a las mujeres. Sin embargo, en el mundo 1 de cada 3 mujeres sufrió violencia doméstica, y en Argentina, más del 80% de las denuncias por violencia cotidiana tienen como víctimas a mujeres. Estos números ponen en evidencia que la igualdad ante la ley no siempre se traduce en igualdad en la vida: existe una distancia entre la igualdad formal —la que figura en las normas— y la igualdad real —la que se vive día a día.
Desde 2009, con la sanción de la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, Argentina reconoce que las mujeres sufrimos múltiples tipos de violencias —físicas, psicológicas, sexuales, económicas, simbólicas y políticas— que se adquieren distintas modalidades -doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica, mediática, digital y política-. El Estado, como garante de derechos tiene la obligación de prevenirlas, sancionarlas y garantizar nuestra protección. Este tipo de legislación busca garantizar que los derechos que ya tenemos se cumplan efectivamente.
Reconocer que estás viviendo una situación de violencia no es sencillo. Denunciarlo, menos. ¿Sabías que solo el 15% de los femicidios tenía una denuncia previa? (Observatorio Ahora que si nos ven).
Luego, sostener un juicio, con todo lo que implica, es un desafío que atraviesa el cuerpo, la mente y la vida entera. Como dijo Julieta Prandi, en ese proceso una está rota. Y mientras intenta armarse como puede, sin saber si alguna vez volverá a estar entera, sostiene: sostiene el trabajo, la casa, sus hijos/as, la vida cotidiana. Todo esto en un contexto donde cada paso requiere coraje, paciencia y una red que acompañe. Porque no todo termina con la sentencia, el sostener, continúa.
Hoy hablamos de Julieta Prandi, pero… ¿cuántas mujeres no llegan a denunciar? ¿Cuántas temen el proceso judicial? ¿Cuántas ni siquiera se animan a poner en palabras lo que les pasa?
En el último año, el Gobierno redujo el personal de la línea 144, responsable de escuchar, orientar y acompañar los casos de violencia de género. Sin embargo, quienes están, siguen respondiendo y atendiendo como pueden. Para que, incluso con una duda, puedas preguntar si lo que te pasa es violencia de género.
No dudes más. ¿Tenés miedo por vos? ¿Por una amiga? Llamá.