Por Camilla Barroso y Mariano Gonzalez King
Cada 17 de mayo se conmemora el Día Internacional contra el odio y la discriminación por orientación e identidad sexual. La fecha recuerda la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la OMS en 1990, pero sobre todo nos invita a mirar algo que sigue pasando hoy: la violencia y discriminación hacia personas LGBTINB+.
La violencia laboral lejos de ser una excepción, es parte de una cultura que requiere de esfuerzos para ser desarraigada. Se expresan en prácticas cotidianas de microagresiones, discursos de odio y discriminación, e impacta significativamente en el potencial del talento diverso al interior de las organizaciones.
Los datos hablan
En el informe “Inclusión en alerta”, desarrollado por Grow-género y trabajo junto a MundoSur y publicado en 2025, se presentaron experiencias laborales de personas LGBTINB+ en América Latina. Los resultados son contundentes.
Cuando se les pregunta de manera general si vivieron situaciones de violencia o acoso laboral, el 84% de las personas LGBTINB+ responde que sí, y ese número sube al 91% entre personas travestis, trans y no binarias (TTNB+). Pero cuando se presentan situaciones concretas ese reconocimiento llega al 96% en el total del colectivo y al 99% entre personas TTNB+. Hay un 12% de personas que inicialmente no identificaban lo que vivían como violencia hasta que pudieron reconocer situaciones concretas. En estos datos se vuelve visible la dimensión “invisible” de las violencias laborales: aquellas que se expresan en comentarios, miradas o prácticas naturalizadas que muchas veces no son reconocidas como violencia en una primera instancia, pero que tienen efectos concretos en las trayectorias laborales de las personas LGBTINB+. Esto nos habla de una acuciante necesidad de concientizar sobre estas microagresiones, para poder erradicarlas
Según la investigación, los tipos de violencia más frecuentes fueron la psicológica (89%), que se expresa en descalificaciones, aislamientos e invisibilización, y la económica (83%), vinculada a barreras de acceso, precarización y pérdida de oportunidades. La violencia simbólica la atravesó el 77% de las personas encuestadas. Esto refuerza que las violencias laborales no se limitan a hechos aislados, sino que se expresan de manera sostenida en distintas dimensiones de la experiencia laboral, afectando tanto las condiciones materiales como el reconocimiento y la participación de las personas LGBTINB+ en los espacios de trabajo.
Estrategia integral para un espacio laboral sin discriminación: Un método sencillo con 3 pasos certeros
Si la violencia forma parte de la experiencia laboral de tantas personas, abordarla requiere de una estrategia que dé coherencia a las diversas acciones.
Esta estrategia se enmarca en estándares internacionales de derechos laborales y diversidad, como los Principios de Yogyakarta, el Convenio 190 de la OIT y la NOM 035 en México, que orientan las políticas organizacionales para la prevención y respuesta frente a la violencia.
- El primer paso es identificar : no solo las situaciones más evidentes, sino también aquellas que operan de forma más sutil: comentarios, burlas, estereotipos o decisiones que terminan excluyendo. Nombrar lo que pasa es una condición para poder transformarlo. En este sentido, la importancia de la identificación también reside en contar con herramientas de medición del clima laboral y diagnósticos específicos que permitan reconocer qué está ocurriendo en los espacios de trabajo, incluso en sus formas más naturalizadas.
- Prevenir es parte de un esfuerzo planificado: Un segundo eje es la prevención. Esto implica generar instancias de sensibilización y formación que permitan reconocer estas prácticas y comprender sus impactos. Conocer y visibilizarlas es también una forma de prevención, porque permite desnaturalizar prácticas que suelen pasar inadvertidas.
La prevención también requiere abordar explícitamente las violencias vinculadas a la orientación sexual e identidad de género. No se trata de esperar a que alguien “salga del clóset” para abordarlo, sino de construir climas laborales amigables con la comunidad LGBT+, donde la diversidad pueda expresarse sin riesgos.
Estas acciones, deben ser acompañadas con el fortalecimiento de las capacidades institucionales: formar equipos de RRHH y liderazgos, incorporar criterios de diversidad e inclusión en la gestión, trabajar sobre sesgos en los procesos de decisión y contar con políticas claras de tolerancia cero frente a la discriminación.
La prevención reduce la aparición de situaciones de violencia y contribuye a una cultura organizacional de bienestar que potencia el desarrollo de los equipos.
- El abordaje institucional es más que la suma de acciones individuales: una organización consolida sus valores en su forma de asumir una respuesta institucional clara frente a la violencia. Esto supone contar con canales accesibles y confiables, intervenir frente a las situaciones y evitar respuestas revictimizantes o que terminen perjudicando a quienes denuncian. En este sentido, es clave demostrar de forma explícita la apertura de estos canales a la comunidad LGBTINB+. La acción no puede ser discrecional: es clave contar con procedimientos claros para abordar los casos y garantizar criterios consistentes de actuación.
Este conjunto de herramientas permite dar una respuesta institucional consistente frente a las situaciones de violencia.
Es importante preguntarse qué está pasando en los espacios de trabajo y como viven ahí las personas LGBTINB+, y qué se está haciendo (o dejando de hacer) al respecto. En Argentina, Axel Almeida tenía 31 años y trabajaba en una empresa de seguridad en Mar del Plata. Lo hostigaban por ser gay. Habló con sus supervisores, pero nadie lo escuchó. El 5 de marzo de 2026 se suicidó. Su historia no es un caso aislado: es el extremo de lo que pasa cuando la violencia laboral no tiene respuesta institucional.
El derecho a trabajar sin violencia no debería depender de con quién te relacionas o cómo expresas tu identidad. Abordar esta agenda no es un “favor” hacia las personas LGBTINB+ en el ámbito laboral, sino una apuesta por fortalecer el desarrollo del talento, mejorar el clima laboral y consolidar organizaciones más sostenibles en contextos dinámicos.
En este 17 de mayo y hacia el orgullo internacional el 28 de junio, desde Grow género y trabajo te proponemos instancias fundamentales de sensibilización y el acompañamiento técnico clave para abordar definitivamente el orgullo en el trabajo y el bienestar laboral en la diversidad.


