El 1 de mayo es, por definición, una fecha de balance. Pero este año, para nosotras, el balance tiene un peso especial: se cumplen 15 años desde que decidimos visibilizar y abordar la relación entre el género y el trabajo en América Latina.
Al mirar hacia atrás, comprendemos que lo que hoy parece una obviedad, en 2011 era un vacío de agenda. En aquel entonces, la desigualdad laboral se naturalizaba: desde el sector privado existía la sensación de que el tema ya había pasado y que las mujeres que estaban fuera del mercado de trabajo era simplemente por deseo o falta de ambición.
Una cronología de la transformación
Nuestra trayectoria no es solo la historia de una organización, sino el reflejo de una transformación regional. En estos 15 años, pasamos de diagnosticar “mitos y realidades” a diseñar culturas organizacionales que hoy lideran el cambio.
Si observamos los datos de nuestro recorrido, los avances son tangibles pero exigen una mirada crítica:
A nivel regional, la proporción de mujeres con ingresos propios aumentó del 68% al 73% entre 2011 y 2024. Si bien es un avance, la persistencia de una brecha de 17 puntos respecto a los hombres (90% con ingresos propios) nos recuerda que la independencia económica sigue siendo un desafío estructural en América Latina (CEPAL, 2026).
La tasa de participación femenina en la región creció tímidamente, pasó del 63% al 67% entre 2011 y 2024. La persistencia de una brecha de 26 puntos frente a los hombres (93%) evidencia que aún queda un largo camino para alcanzar una paridad real en el acceso al mercado de trabajo (CEPAL, 2026).
En el caso de la comunidad LGBTI+ persisten situaciones de violencia y discriminación en ámbito laboral, que alcanzan al 96% de la población (Grow- género y trabajo, MundoSur; 2025). Además, en Argentina las personas trans y no binarias duplican la tasa de desempleo de la población general (Censo Diversidad 2024).
Vale mencionar que este camino de transformación estuvo atravesado por una pandemia que en un año retrasó el avance de las mujeres en casi 10 años, para después seguir avanzando. Además, hemos acompañado hitos regionales que marcan un antes y un después en la visibilidad y el reconocimiento de derechos. Desde la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans en Argentina (2021), que garantiza el acceso al empleo formal, hasta la adopción de normativas estratégicas que transforman la gestión interna en las organizaciones, como en México, la NOM-035 (2018), que busca prevenir factores de riesgo psicosocial y violencia laboral, convirtiendo el bienestar del equipo en un requisito legal con implicaciones financieras directas. En Colombia, la Ley 2281 (2023) que crea el Sistema Nacional de Cuidado para reconocer, reducir y redistribuir las tareas de cuidado que históricamente han recaído de manera desproporcionada sobre las mujeres, o el caso de Ecuador con la Ley Orgánica para la Igualdad Salarial (2024), que busca eliminar las brechas de remuneración injustificadas entre mujeres y hombres.
Del diagnóstico al bienestar
En nuestros inicios, el desafío era identificar las barreras invisibles: esos sesgos que impedían que una mujer fuera contratada o ascendida. Hoy, tras haber trabajado con más de 600 organizaciones, entendemos que el foco ha evolucionado.
Hablamos del bienestar como motor del negocio. Las organizaciones que ponen el bienestar en el centro —desde la corresponsabilidad en los cuidados hasta asegurar entornos laborales libres de violencia— son las que realmente están preparadas para competir por el talento.
Construir el futuro
Miramos los próximos años con una agenda clara. El bienestar laboral, los entornos de trabajo libres de violencia, los sistemas integrales de cuidado, la transparencia salarial y la inteligencia artificial, son los desafíos que definirán la próxima década.
Nuestra metodología ha sido siempre la misma: conocer el pasado para no repetir errores, entender el presente a través de datos rigurosos y, sobre todo, construir el futuro de la mano de quienes creen que el trabajo debe ser un espacio de libertad.
Llevamos 15 años transformando la cultura laboral de la región, convencidas de que la autonomía económica es la base de una sociedad más justa y sostenible.


