CENSO 2022: ¿Cuánto tiempo se necesita para dejar de ser “la otredad” de la ciudadanía argentina? 

 

Por Loréne Belloni, Juliana Szerdi y Cristian Treves

Mañana miércoles 18 de mayo se llevará a cabo el Censo 2022, que se realizará con dos años de atraso debido a la pandemia.

Mucho se dijo sobre esta nueva edición que intenta reparar la invisibilización estatal de comunidades y poblaciones históricamente excluidas de la ciudadanía: tal es el caso de los pueblos originarios, las comunidades afrodescendientes y de las personas trans. Respecto este último caso, han habido defensas y observaciones hacia la configuración del cuestionario censal.

Tanto desde el INDEC, institución que lleva adelante el censo 2022, como de parte de algunos activismos trans/travesti/no binarie (TTNB) se destaca la importancia de que el Estado pregunte por primera vez a toda la población sobre su identidad de género. Cabe recordar que este es el primer censo desde que tenemos la Ley de Identidad de Género en Argentina (N° 26.743, aprobada en 2012). 

El organismo estatal destaca que el censo es una política no perfecta, sino perfectible. Que además refleja un momento dado, pensándolo como una transición: al calor de las luchas feministas, transfeministas y de disidencias se han constituído y conseguido reivindicaciones importantes en una sociedad profundamente machista. 

Entre algunos activismos TTNB se destacan posiciones cercanas al INDEC señalando la importancia de que estas poblaciones sean censadas y se construya una estadística que permita fortalecer la demanda de planificación y ejecución de política públicas destinadas a las mismas, así lo señala entre otras Alessandra Luna, activista travesti conurbana feminista.

Por otro lado, surgen posiciones críticas de otros activismos TTNB principalmente frente a cómo se implementaron estas preguntas:

1) Que el Censo infringe(1) la Ley de Identidad de Género en múltiples circunstancias: a) al inquirir sobre el sexo asignado al nacer; b) estableciendolo como primordial en su notación registral digital; y c) teniendo que consignar el sexo asignado al nacer -dato confidencial según la Ley 26.743- a lx censista que pase por el domicilio.

En la versión web del Censo se confecciona una hoja personal de cada persona, donde se pregunta por el sexo asignado al nacer y luego se lee en una tabla sólo la palabra SEXO para referirse al mismo, mientras que la pregunta por la Identidad de Género está ubicada recién después del extenso cuestionario de vivienda, dando cuenta de la desvalorización de la identidad de género (y en valor del sexo). 

Es oportuno señalar que en las redes sociales, referentes del relevamiento en televisión, capacitaciones de personas censistas y mails oficiales está circulando la necesidad de expresarle a quién cense cada domicilio, la cantidad de personas que habitan la vivienda y, el sexo (a secas) de dichas personas; priorizando esta categoría revisitada incluso por el mismo Censo. Es decir, se reduce nuevamente a una cuantificación cis y binaria (masculinos, femeninos) que pone en situación de desigualdad e invisibilización a muchas de las personas que no se enmarcan en estas dos categorias. En ese sentido, resulta importante alertar el nivel de exposición y vulneración de derechos que se podría haber evitado con una capacitación nacional con perspectiva de género.

2) Que la X como opción en la categoría “SEXO ASIGNADO AL NACER” confunde y resulta engañosa, porque recién a partir del 2021 las personas pueden rectificar su partida de nacimiento con una X, indica Pato Laterra, docente (UNLP y UBA) y becario doctoral del CONICET. No sucede lo mismo con los nacimientos, donde en el sistema médico argentino sigue imperando la asignación compulsiva de sexo/género binaria (serás hombre o mujer) (2). 

Otrxs activistas, como Fran Fernandez también docente (UNLP y UBA) y becario doctoral del CONICET, proponen que incluso si el argumento fuera dar continuidad a la serie de datos obtenidos en Censos anteriores en relación a las categorías HOMBRE y MUJER, sería preciso para la estadística y menos violento para quien prefiriera no contestar, contabilizar bajo la opción “No sabe/No contesta”.

3) Que la lista de opciones para nombrar la propia Identidad de Género es limitante y tiene un sesgo cisexista: Por un lado, al inscribir las categorías mujer y varón, se hace la diferencia para nombrar lo trans (se utilizan las categorías:“mujer trans/ feminidad trans/ travesti”; “varón trans /masculinidad trans”) pero no se nombra lo cis (se utilizan las categorías: “mujer”; “varón”). De esta manera se sigue reproduciendo la violencia simbólica y sistémica de lo cisgénero como un universal que no es necesario aclarar ni diferenciar, y excluyendo a las personas trans como lo otro, por fuera de la ciudadanía.

Considerando que, al menos en su versión digital, el Censo cuenta con una Guía que funciona como glosario o disclaimer de los conceptos enunciados (desde “identidad de género” a lo que implica vivir en una “casa”), hubiera sido provechoso aprovechar esta instancia masiva nacional para explicar qué significa ser una mujer cis o un varón cis.

Por otro lado, Florián Vives de la Asamblea Trans Travesti No Binaria por la Salud Integral, señala que respecto a las prácticas reproductivas el cuestionario no tiene en cuenta a las personas gestantes que no son mujeres cis: un varón trans o una persona no binaria que haya tenido hijxs queda fuera del Censo, y por ende fuera de la política pública. En este sentido, resulta esencial pensar en la diversidad de cuerpos que habitan los diversos géneros y que son, nuevamente, invisibilizados y excluidos por las políticas públicas. Al día de hoy son pocos los espacios sensibilizados y capacitados sobre cuerpos gestantes en donde masculinidades trans y no binaries gestantes puedan recibir una atención médica que no reproduzca la violencia y estigmatización; en donde se respeten las leyes y se incorpore la perspectiva de género.

Transversalmente a estos señalamientos, lxs activistas críticxs concluyen que el problema tiene la gravedad de perder una oportunidad histórica de reparación estatal frente a la violencia cisexista (el censo ocurre sólo cada 10 años), a la vez que implicará una confección estadística reduccionista, con la consecuencia que eso significará para la política pública y la toma de decisiones. También señalan que el problema es político: las comisiones encargadas de su confección no hicieron lo suficiente para establecer diálogos y mesas de trabajo con las organizaciones de la sociedad civil implicadas, dentro del tiempo en que eran posibles los cambios (dos años atrás). 

La inclusión de la identidad de género en el censo no debería ser políticamente correcta, debería ser comprometida y responsable. Dada la frecuencia del censo, vale la pena que el Estado ponga todo a disposición para lograr la mejor radiografía posible de nuestro país, en el marco de los derechos humanos y legislaciones nacionales e internacionales. Se está perdiendo una oportunidad de construir un sistema metodológico nacional y público con enfoque transincluyente. 

Atravesar la perspectiva transfeminista al análisis de datos implica un importante ajuste metodológico y epistemológico, que permitiría alinear un hito histórico, como el censo, con el avance en materia de derechos humanos que venimos teniendo como país.  

 

Notas al pie:

(1) En su artículo 1: Derecho a la Identidad de género:”Toda persona tiene derecho a (..) ser identificada de ese modo en  los  instrumentos  que  acreditan  su  identidad  respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada”; y en su artículo 9: “No se dará publicidad a la rectificación registral de sexo y cambio de nombre de pila en ningún caso, salvo autorización del/la titular de los datos”.

(2) siguiendo el protocolo Money, en Argentina se realizan cirugías de Mutilación Genital Intersex a lxs recién nacidxs cuyos genitales no se adecúan a los modelos de la normativa binaria médica y científica. Son operaciones estéticas que se realizan por encima de todo reconocimiento de derecho y autonomía de las personas intersex, provocandoles daños físicos y psicológicos a lo largo de su vida.

 

 

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